Un edén líquido en Malawi

Este pequeño país en el sudeste del Continente Negro atesora una naturaleza primigenia de lagos y parques poco conocidos donde se puede descubrir, de cerca y sin masificaciones, a sus animales.

A pesar de no tener acceso al mar, Malawi es, prácticamente, un país acuático. La forma alargada del inmenso lago homónimo —conocido también como Nyasa y compartido con Tanzania y Mozambique— se incrusta a la perfección en la silueta del país, ocupando un tercio del mismo.

El lago Malawi —el tercero más grande del continente africano— ya era una fuente de vida fundamental para los habitantes de la zona cuando el famoso David Livingstone supuso que era el primer europeo que llegaba a él, obviando, sin embargo, que ese honor correspondía a un comerciante portugués.

Siglos atrás, en sus orillas se asentaron numerosas aldeas de gentes que vivían de la pesca en el lago. Hoy en día, estos pueblos se alternan con algunos resorts turísticos donde, los que una vez fueron considerados «demonios de piel blanca», se dedican a tomar el sol y disfrutar de las distintas actividades náuticas y acuáticas que un puñado de empresas comercializan en el lago.

En lugares turísticos como Cape Maclear y Monkey Bay —al sur— así como en Ngala y Nkhata Bay —al oeste— los potentes motores de las embarcaciones a motor acallan, cada mañana, a los de los pequeños botes de pesca que parten o regresan de faenar. Se preparan equipos de buceo o kayaks a unos metros de donde las mujeres lavan la ropa y los niños se bañan. Las playas del lago muestran las dos caras de la vida. Ajenos a todo ello, entre zonas de densa vegetación y algún islote, preciosos peces de colores nadan en las profundas aguas del ancestral Nyasa. Aquí se contabilizan más de 1.000 especies de peces cíclidos, la mayor parte de ellas endémicas en la zona. El águila pescadora africana y el cocodrilo del Nilo se alimentan de ellos, mientras el enorme hipopótamo intenta mantener un reinado que cada día debe disputar al hombre.

Liwonde, paraíso para ornitólogos

Parque Nacional de Nyika.

Dicho reinado es incuestionable algo más al sur, en el Parque Nacional de Liwonde. Con 550 kilómetros cuadrados de superficie, este parque posiblemente no sea uno de los más famosos de África, pero sí es bien conocido por ornitólogos de todo el mundo. Semiocultos entre los típicos arbustos africanos y los poderosos troncos de los baobabs, sobresalen grandes teleobjetivos a la espera de capturar los gráciles movimientos de alguna de las más de cuatrocientas aves que surcan los cielos de esta reserva del sudeste de Malawi. Mientras especies tan raras como el halcón de cuello rojo y la lechuza pescadora de Pel dominan el cielo, en la tierra y el agua son los elefantes e hipopótamos los que se han coronado como reyes.

Se calcula que hay unos 900 y 2.300 ejemplaresrespectivamente, lo que convierte a Liwonde en uno de los parques más densamente poblados por estos animales en toda África. Pero estos dos gigantes no se encuentran solos.

Antílopes, cocodrilos, monos, facóqueros e impalas se suelen dejar ver con considerable facilidad. Mucho más tímidos y esquivos son los escasos rinocerontes que fueron reintroducidos hace algunos años, siendo también complicado poder capturar una imagen de los pocos leones, leopardos y hienas moteadas que encarnan el papel de grandes depredadores en Liwonde.

En cualquier caso, Liwonde y el lago Malawi tienen algo que les une: un espectacular atardecer africano en el que el sol incendia una tierra donde la naturaleza intenta sobrevivir al hombre.

@davidescribano

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